Algo de mi infancia y su música

on Domingo, 09 Octubre 2011. Posted in blog

Algo de mi infancia y su música

En esta seccion del Blog, quiero compartir con vosotros, la música que ha ido marcando mi vida. En mis recuerdos siempre existe una canción asociada a un momento o una época.

 

La verdad es que no se por donde empezar....... por el principio? Pues no!!

Os voy a ahorrar el: Tú me has traido a la orilla, Ven, ven señor no tardes y otras obras maestras de la lírica eclesial. 

La que puedo considerar como "mi primera cancion" es:

Y es que, yo siempre fuí un joven viejo, jejejejejeje

Esta fué la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra, y la primera con la que experimenté mi primera conquista frustrada (preludio de una infinidad de ellas jejejeje), y es que, con 8 o 9 años, las niñas no estaban preparadas para un romanticismo tan precoz. Lógico!! 

Corrian los 80. A Tejero le acababa de dar el subidón, y Felipe salía a 4 patas de detrás de un escaño para ganar las elecciones de "El cambio".

Ay... que tiempos aquellos del naranjito veraniego, de la bici del pueblo, de Galáctica: Estrella de Combate, y del coche fantástico. Como me gustaba la que arreglaba al Kitt, bueno, las dos. Primero la morena y luego la rubia. La cancion favorita de mis primos, mis hermanos y mía.......

Despues entendereis por qué.

Por estas fechas estaba en el pueblo, esperando a que llegase mi padre en su Taxi,un flamante Talbot Solara, al que le sonaba el claxon como a ningun otro coche, o al menos así lo recuerdo entrando reluciente por la Calle Real. 

Ese sonido tambien significaba para mi hermana y para mí, la llegada de nuestra ansiada paga semanal que en aquella época era de unos maravillosos y dúctiles 20 duros. Como daban de si!!!!! Polos Flash de 5 pesetas, de todos lo sabores del mundo: Coca-cola, naranja, limón, melocotón (Sí, melocotón, en mi pueblo había de melocotón), lima-limón (que le podrían a aquello dios mio...). También las pipas de a duro, y como no, la chuche que marcó a nuestra generación: Los peta zetas ( quien lea esto y tenga menos de treinta años que no crea que son los petas de ahora, que nosotros éramos muy sanos).

Lo mejor de aquellos veranos, sin contar las peleas con mi primo y que mi prima me parecía la tia mas buena del mundo, eran los vaciles que, los chicos de ciudad, les metíamos a los pobres catetillos ( los cuales nos daban 1000 vueltas en creatividad y picardia). Que guay era sentirse de ciudad!!! Que grandes que éramos!! veníamos del único sitio en la provincia donde habia 5 KMs de autovia!!! Pero que largos nos parecian aquellos 5 Kms!!!!

Y lo peor.....EL VIAJE!!!! El pueblo en cuestión se llamaba y se llama Cadiar. La distancia: 100 Km. La duración: 3 horas y media, si la media de paradas para vomitar era baja. La comodidad.......Judgad vosotros: 100 Km, 35 por hora de velocidad media, 150 curvas a derechas y 200 a izquierdas (todas ciegas por supuesto), 3 niños, 2 abuelos, padre, madre, maletas para 2 meses, balón de reglamento comprado en el circulo de lectores, 2 BH plegables (si a un trozo de hierro con dos ruedas, partido por la mitad, lo podemos considerar como algo plegable). 

En los primeros 50 kms todo iba mas o menos bién. Se andaba a una velocidad que al menos permitía que entrase un poco de aire ardiendo por las ventanas y mi abuelo todavia no habia empezado a decirle a mi madre, que si se hubiera casado con uno del pueblo de apodo irreproducible, seguramente tendría un coche con aire acondicionado.

Lanjarón, sí, la del agua para renovarse, era el punto de no retorno. Al pasar ese pueblo empezaba.....EL INFIERNO ALPUJARREÑO!!!! La primera frase al pasar Lanjarón era de mi madre con un: nerviosisimo no poteis en el coche y si lo haceis potad sobre el abuelo: Veo, veo..... Respuesta de mi hermana que nunca se enteraba de nada: Que ves.... Respuesta de mi madre: una cosita.... repuesta mia: Mama que angustia.... respuesta: pota de mi hermano pequeño. Primera parada del Via Crucis.

Os aseguro, queridos amigos, que en aquella carretera del infierno no servían ni las biodraminas, ni: mira un punto fijo (¿como coño miras un punto fijo en un tio vivo?), ni na de na. 

Torvizcón, no olvideis ese nombre, era el punto álgido del infierno. Es sin duda el Mordor en la tierra. Allí habia potao hasta mi padre que llevaba el coche. Lo que me extrañó siempre es que nunca le daba tiempo a parar y siempre lo hacía sobre mi abuelo. 

Era en la ultima curva al pasar Torvizmordor, donde mi abuela, un alma de dios, decía con un hilito de voz: Y si paramos a tomar el fresquito??. Teniendo en cuenta que hasta a las cigarras se le habían derretido las patas y ya no sonaban, la propuesta era inteligentemente sobreseguida por el jefe.

Y cuando faltaban escasos 5 Kms para llegar a Cadiar.... allí estaba, erguida hacia el cielo, limpia, recta.......... La famosa, sólo para mi familia: Cuesta de la alegría. Ya podeis imaginaros por qué. El talbot parecia un ferrari, el aliento de mi hermana olia a rosas, mi madre le daba la mano a mi padre, a mi abuela le brillaban aquellos preciosos ojos grises, y lo mejor de todo: mi abuelo se dormía.

Habiamos llegado.

 

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